La
característica interna dominante en la frontera norte durante éste periodo,
como en el siglo XVIII, era la paz y la comunidad de intereses. Pues las
continuas guerras apaches estallaron alrededor de 1830 y el Estado mexicano no
tenía ni los medios ni la organización para pacificar o sobornar a los apaches.
Además al ver que la frontera estadounidense avanzaba y la mexicana retrocedía,
optaban por emprender asaltos contra México. Por ello los conflictos entre
hacendados y campesinos se dejaban de lado para unirse contra los asaltantes
indios. Los propietarios de fincas recibían a los campesinos ya que les servían
como nuevas fuerzas militares. En contraste con la época colonial, el Estado mexicano
tenía una legitimidad mucho menor que la que había gozado el gobierno
español. Para los campesinos el gobierno
no era capaz de otorgarles el tipo de protección que les habían prestado las
autoridades coloniales españolas, pues no los protegía frente a los hacendados
ni frente a las tribus de indios nómadas de las regiones fronterizas, por lo
que el gobierno central perdió prestigio a los ojos de muchos campesinos.
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